Antonio A. Herrera-Vaillant
| Capriles comienza carrera presidencial con sólido piso electoral. |
La esperanza de nuevo presidente abre el camino hacia una política exterior digna del siglo XXI. Para eso se requiere un presidente sin complejos, que no cacaree soberanía a toda hora, y que sepa que todo país serio ejerce su soberanía tranquilamente, sin aspavientos. Porque la verdadera soberanía se manifiesta con deliberada consistencia: No a punta de gritos, estribillos y bravuconadas.
Un mandatario coherente que no se las pase chillando acusaciones contra un “imperio” fantasma, inventando agresiones externas para disimular fracasos internos: Un hombre culto que sepa que en el siglo XXI los únicos imperios a igualar son los de la tecnología y el saber.
Un presidente cuerdo que no pretenda ser líder del mundo, rodando por todo el planeta cual carrito chocón, como vulgar exhibicionista en grosero conflicto con todo cuanto le contradiga.
Un gobernante maduro que evite perder el tiempo de cumbre en cumbre, en cónclaves que pronto se tornan sindicatos de presidentes sinvergüenzas.
Un represente digno que no se crea “mejor amigo” de sus contrapartes. Que no intente manosear monarcas, besar reinas y tutear colegas: Un Jefe de Estado sin complejos de inferioridad, que sepa que las relaciones entre países no dependen de simpatías o antipatías personales.
Un dirigente claro que deje de repetir el vacío cuento de la “fraternidad de los pueblos” – muletilla eterna de la más mediocre diplomacia latinoamericana.
Un ejecutivo responsable que no dilapide billones de dólares alquilando votos, simpatías y aplausos en el exterior: Que sepa que por con la misma que aceptan dádivas se nos burlan por tontos. Que compruebe cuantas amistades y entelequias internacionales sobreviven sin nuestros subsidios.
Un presidente decente que se mantenga bien lejos a todo gobierno forajido, y más cuando se trate de genocidas, asesinos y torturadores.
Un verdadero gobernante que promueva los verdaderos intereses comerciales del país, generando confianza é inversiones, con apoyo de una diplomacia profesional y consistente, alejada de toda tendencia política y del culto a la personalidad.
Semejante presidente nos puede devolver la reputación de país serio y respetable, conservando la majestad de su cargo, sin exponernos al ridículo global. Ese mandatario no será bufón, pastiche de teorías obsoletas y hablador incesante de pistoladas.
Será un presidente digno, al que jamás manden a callar por maleducado. Un gobernante que nos ponga en el camino hacia una diplomacia adulta. Ese presidente ya tiene nombre y se llama Henrique Capriles Radonski.
aherreravaillant@yahoo.com
El autor es analista político, empresario y fue presidente de la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (Venancham)
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